{"id":498,"date":"2020-08-31T23:59:06","date_gmt":"2020-08-31T23:59:06","guid":{"rendered":"http:\/\/tlatelolcounam.mx\/uva\/2020\/?p=498"},"modified":"2020-09-01T00:00:05","modified_gmt":"2020-09-01T00:00:05","slug":"nomorirenelintento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tlatelolcounam.mx\/uva\/nomorirenelintento\/","title":{"rendered":"No morir en el intento"},"content":{"rendered":"<blockquote><p>Todos los d\u00edas, de lunes a s\u00e1bado, me traslado en metro al trabajo. Voy de la estaci\u00f3n Moctezuma a Pino Su\u00e1rez. Mi entrada es a las 8:00 a.m.<\/p>\n<p><sup>* * *<\/sup><\/p>\n<p><sup>\u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0 \u00a0\u00a0<\/sup>6:45. Llego a la estaci\u00f3n Moctezuma. Desde que bajo por las escaleras ya empiezan los codazos. Caminamos todos deprisa; un r\u00edo de gente desde la fila de la taquilla hasta el and\u00e9n. Se hace eterno.<\/p>\n<p>6:53. El and\u00e9n est\u00e1 tapizado de gente. Se ve que no cabe ni un alfiler. Pasa el primer metro, la gente viene embarrada contra las puertas. No baja nadie. Las mujeres que est\u00e1n formadas no pueden subir.<\/p>\n<p>6:58. Arriba el segundo metro. Las primeras en la fila toman posici\u00f3n para entrar. Alcanzan a subir tres o cuatro.<\/p>\n<p>7:03. Voy acerc\u00e1ndome a la mitad del and\u00e9n.<\/p>\n<p>7:08. Tercer metro. Empieza la angustia y la desesperaci\u00f3n. Comienzan a pedir apoyo las que est\u00e1n pr\u00f3ximas a entrar:\u00a0<em>Me avientan, \u00bfs\u00ed?, por favor. En este s\u00ed me voy<\/em>.<\/p>\n<p>7:13. Cuarto metro. Hora de los aventones, los pleitos, los jalones de cabello y las ofensas. Se escucha:\u00a0<em>\u00a1No avientes!<\/em>\u00a0Una joven contesta:\u00a0<em>Pues vete en taxi, mamacita<\/em>. M\u00e1s atr\u00e1s alguien se queja:\u00a0<em>\u00bfQu\u00e9 te pasa? \u00a1Me est\u00e1s jalando el cabello!<\/em>, y le responden:\u00a0<em>\u00a1Entonces am\u00e1rrate las gre\u00f1as!<\/em><\/p>\n<p>7:18. Pasa el quinto metro. Bajan algunas, las de atr\u00e1s sacan fuerzas y nos avientan tan fuerte que entramos porque entramos.\u00a0<em>Siento que me falta el aire<\/em>, dice alguien enojada. \u00a1Y c\u00f3mo no!, si estamos tan apretadas que no entra ni el aire.<\/p>\n<p>7:21. El metro se detiene poco antes de llegar a la siguiente estaci\u00f3n. Se escuchan murmullos:\u00a0<em>\u00a1Avanza!, \u00bfPor qu\u00e9 se para?<\/em>, junto a voces que dicen maldiciones.<\/p>\n<p>7:24. Llegamos a la estaci\u00f3n San L\u00e1zaro. Bajan muchas, incluso las que no quer\u00edan, pues se las llevan de corbata. Alguien jala la palanca de emergencia; un tipo se quiso pasar de listo y molest\u00f3 a una jovencita en los vagones de los hombres.<\/p>\n<p>7:29. Avanza lento. Estamos en Candelaria. Las puertas tardan en abrir.<\/p>\n<p>7:34. Bajan cinco personas, entran diez. Veo caras de enojo por tantos apretones y de impaciencia por la hora. Algunas mujeres intentan ver su reloj con mucha dificultad, pues estamos pegadas como siamesas.<\/p>\n<p>7:38. Llegamos a la estaci\u00f3n que hasta un ciego sabe\u00a0cu\u00e1l\u00a0es, por su cl\u00e1sico olor a cebollas, tomates, chiles, etc\u00e9tera: la Merced. Bajan las se\u00f1oras que traen canasta que ya parece sombrero y las que suben con su mandado llevan los cabellos m\u00e1s alborotados de lo que ya los tra\u00edan.<\/p>\n<p>7:43. Por fin en la estaci\u00f3n Pino Su\u00e1rez. He llegado a mi destino. &#8220;\u00a1Oh, no! \u00a1No abre las puertas!&#8221;, pienso. Hay tal multitud en el and\u00e9n que me imagino al conductor que respira profundo, cierra los ojos, y se prepara para abrir las puertas y ver qu\u00e9 pasa. Cu\u00e1ntos accidentes, cu\u00e1ntos insultos. A la una, a las dos y a las tres. Entonces abre. Parece que el metro vomita gente y los que est\u00e1n por entrar se ponen en guardia, a la defensiva. Se escuchan los improperios:\u00a0<em>\u00a1Est\u00fapida!, no empujes. Pues b\u00e1jate. Idiota, ya me abriste la blusa. Mira, pendeja, mi bolsa. Mi zapato, por favor, es m\u00edo, no lo pateen.<\/em><\/p>\n<p>7:48. Salgo corriendo a la calle, acomod\u00e1ndome la blusa que ya est\u00e1 afuera de mi falda. &#8220;\u00a1Chin! \u00a1Ya se me jal\u00f3 la media y mi bolsa est\u00e1 abierta otra vez!&#8221;.\u00a0 Solo tres cuadras m\u00e1s para llegar.<\/p>\n<p>7:58. Estoy en la entrada del edificio. Subo las escaleras lo m\u00e1s r\u00e1pido que puedo. Para mis adentros me digo:\u00a0&#8220;S\u00ed llego. Esta quincena gano mi premio de puntualidad. Solo falta esta checada&#8221;. Estoy a unos pasos de llegar y ya voy pidiendo mi tarjeta:\u00a0<em>La 230, por favor<\/em>. La introduzco al checador:<\/p>\n<p>8:02. &#8220;\u00a1No! No puede ser, estuve tan cerca. Este reloj ha de estar adelantado&#8221;. Entonces oigo la voz del administrador:\u00a0<em>Se\u00f1orita, corriendo y llegando tarde.<\/em>\u00a0Le contesto:\u00a0<em>Est\u00e1 adelantado el reloj por dos minutos<\/em>, y \u00e9l dice:\u00a0<em>No muera en el intento, esfu\u00e9rcese m\u00e1s para llegar temprano.<\/em><\/p>\n<h4>\u00c1ngela Blancas Morales<\/h4>\n<\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todos los d\u00edas, de lunes a s\u00e1bado, me traslado en metro al trabajo. 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