{"id":495,"date":"2020-08-31T23:57:24","date_gmt":"2020-08-31T23:57:24","guid":{"rendered":"http:\/\/tlatelolcounam.mx\/uva\/2020\/?p=495"},"modified":"2020-08-31T23:58:26","modified_gmt":"2020-08-31T23:58:26","slug":"lasiembra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/tlatelolcounam.mx\/uva\/lasiembra\/","title":{"rendered":"La siembra"},"content":{"rendered":"<blockquote><p>Mientras nos dirig\u00edamos hacia la terminal de autobuses, en medio de la algarab\u00eda de mis compa\u00f1eros, record\u00e9 las caminatas que, con la cabeza gacha y en silencio, realiz\u00e1bamos mi abuelo, mi padre y otros campesinos en la rec\u00f3ndita sierra guerrerense para llegar a las tierras del cacique, quien, con su poder y dinero, se hab\u00eda adue\u00f1ado de las \u00fanicas de la regi\u00f3n, sobre las que las aguas corr\u00edan por los surcos, regando las semillas reci\u00e9n sembradas; el abono era esparcido antes de que nacieran los primeros brotes; el aire mec\u00eda el sembrad\u00edo formando olas verdes que produc\u00edan un susurro que se mezclaba con el canto de las aves. Al brotar la flor de jamaica, el paisaje se pintaba de rojo, emitiendo destellos por el roc\u00edo que lo ba\u00f1aba.<\/p>\n<p>A\u00fan faltaba para llegar al paradero de autobuses; m\u00e1s de una vez apret\u00e9 el paso para alcanzar a mis amigos. Segu\u00ed recordando los a\u00f1os en que los campesinos de la comunidad intentamos sembrar nuestras parcelas e implor\u00e1bamos a un dios indiferente que nos enviara agua. Volv\u00ed a ver la tierra seca, agrietada, sobre la que se levantaba una polvareda que nos ahogaba; vi el lecho del r\u00edo que guardaba animales muertos, basura, desechos&#8230;; y tambi\u00e9n los rojos campos del cacique, que reluc\u00edan no s\u00f3lo por la jamaica, sino tambi\u00e9n por la amapola.<\/p>\n<p>Record\u00e9 que, en las oscuras y quietas noches del pueblo, mi abuelo contaba que hab\u00eda m\u00e1s que aquella tierra \u00e1rida, m\u00e1s que ese trabajo forzado, m\u00e1s que el m\u00edsero salario que, cual limosna, nos entregaba el cacique. Mi viejo dec\u00eda que lejos de aquel camino exist\u00edan vidas diferentes, que no era justo que yo terminara como \u00e9l: agachado a\u00a0fuerza para no sembrar ma\u00edz ni frijol, sino la flor roja que el terrateniente tanto ambicionaba.<\/p>\n<p>Record\u00e9 que, un par de meses despu\u00e9s de la muerte de mi abuelo, mi padre me anim\u00f3 a que fuera a la cabecera del municipio. All\u00ed hab\u00eda escuelas bien construidas, muy diferentes a las de techo de palma y piso de tierra, donde el maestro del rancho dej\u00f3 su vida con tal de que los chamacos de la comunidad aprendi\u00e9ramos a leer y escribir. A los m\u00e1s grandes les ense\u00f1aba Historia, Aritm\u00e9tica y Espa\u00f1ol, mientras que a los m\u00e1s chicos nos tomaba cari\u00f1osamente de la mano para guiarnos a escribir las primeras letras. Su voz enronquec\u00eda de tanto hablar, y sus ojos brillaban al lograr que comprendi\u00e9ramos las lecciones. \u00a1Cu\u00e1nto lo admiraba! Por eso, para ser como \u00e9l, cuando termin\u00e9 la primaria me fui a la cabecera del municipio para continuar mis estudios.<\/p>\n<p>Con la esperanza de ense\u00f1ar, me olvidaba del hambre con la que me dorm\u00eda y de los fr\u00edos que sent\u00eda cuando el aire de la monta\u00f1a bajaba junto con las tormentas; me olvidaba de los a\u00f1os sin ir a mi comunidad, sin ver a mis padres y a mis hermanos. Me animaba pensar que llegar\u00eda a ser maestro rural cuando terminara la escuela. Con el salario, mi familia ya no pasar\u00eda tantas penurias, adem\u00e1s, lo m\u00e1s importante, ense\u00f1ar\u00eda a los ni\u00f1os de los ranchos lo que estaba aprendiendo aqu\u00ed para que tuvieran una vida mejor. Sab\u00eda de mujeres y hombres que hab\u00edan cambiado no s\u00f3lo su existencia, sino la de muchos otros. En esos a\u00f1os comprend\u00ed que la vida no se reduc\u00eda a trabajar para sobrevivir. Luchar\u00eda por ello.<\/p>\n<p>Recordando aquellos a\u00f1os, llegu\u00e9 a la terminal. Mis compa\u00f1eros y yo logramos el cometido que se realizaba a\u00f1o con a\u00f1o y a fines de septiembre: tomar camiones para ir a una marcha a la capital.<\/p>\n<p>Nos subimos al autob\u00fas. Adentro, el alboroto y la emoci\u00f3n que nos embargaban no me dejaron descansar, pues muchos \u00edbamos por primera vez a la capital. Sin embargo, el acompasado vaiv\u00e9n nos arrull\u00f3 un par de horas.<\/p>\n<p>De pronto el cami\u00f3n se detuvo. Con la nariz pegada a las ventanillas, trat\u00e1bamos de ver lo que ocurr\u00eda afuera. Gritos y \u00f3rdenes inundaron el autob\u00fas, palabras atropelladas atravesaron los cristales. Una explosi\u00f3n, seguida de muchas m\u00e1s, ensordec\u00edan los gritos que los hombres de abajo segu\u00edan emitiendo. Los estallidos se acercaban, se multiplicaban. El humo de las r\u00e1fagas torn\u00f3 irrespirable el aire dentro del autob\u00fas, en tanto que los disparos destrozaban los cristales y se impactaban en los asientos que hab\u00edamos abandonado para tirarnos en el pasillo en un intento de protegernos.<\/p>\n<p>Un hombre subi\u00f3 al autob\u00fas y, con fuerte voz de mando, orden\u00f3 que baj\u00e1ramos. Afuera el desorden era abrumador, el odio se reflejaba en los ojos y en los gritos de los militares que nos apuntaban con sus armas. El terror se ve\u00eda en el rostro de mis amigos. Las sonrisas que durante el camino hab\u00edan brotado de nuestros labios se convirtieron en gestos que desfiguraban nuestras caras.<\/p>\n<p>Algunos de mis amigos trataron de correr, pero los disparos detuvieron su carrera. Las detonaciones continuaron. Desconcertado camin\u00e9 unos pasos, atropell\u00e1ndome con mis compa\u00f1eros, que, al igual que yo, no sab\u00edan qu\u00e9 hacer. En mi agitaci\u00f3n, tropec\u00e9 con varios cuerpos, perd\u00ed el equilibrio. Me apoy\u00e9 sobre el pavimento, sin embargo, al intentar erguirme, sent\u00ed un golpe que me lanz\u00f3 hac\u00eda atr\u00e1s, al tiempo que una punzada atraves\u00f3 mi pecho.<\/p>\n<p>De mi boca sali\u00f3 un grito mientras mis manos trataban de contener la flor roja que nac\u00eda de mi coraz\u00f3n.<\/p>\n<h4>Estela G. S\u00e1nchez Quezada<\/h4>\n<\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mientras nos dirig\u00edamos hacia la terminal de autobuses, en medio de la algarab\u00eda de mis compa\u00f1eros, record\u00e9 las caminatas que,&nbsp;<a href=\"https:\/\/tlatelolcounam.mx\/uva\/lasiembra\/\">&hellip;<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[18],"tags":[],"class_list":["post-495","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-cronicas-y-relatos","odd"],"gutentor_comment":0,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/tlatelolcounam.mx\/uva\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/495","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/tlatelolcounam.mx\/uva\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/tlatelolcounam.mx\/uva\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tlatelolcounam.mx\/uva\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/tlatelolcounam.mx\/uva\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=495"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/tlatelolcounam.mx\/uva\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/495\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":497,"href":"https:\/\/tlatelolcounam.mx\/uva\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/495\/revisions\/497"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/tlatelolcounam.mx\/uva\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=495"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/tlatelolcounam.mx\/uva\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=495"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/tlatelolcounam.mx\/uva\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=495"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}